Cómo calcular la intensidad del ejercicio físico: niveles y ejemplos
Cuando hablamos de hacer ejercicio, no todo depende del tiempo que le dediquemos o del tipo de actividad que elijamos. La clave está, muchas veces, en la intensidad: entrenar demasiado suave puede quedarse corto; hacerlo en exceso puede pasar factura. Por eso, entender qué es la intensidad en el deporte y aprender a ajustarla es fundamental para saber si la actividad es beneficiosa o si no cumple su objetivo.
Por qué es importante conocer la intensidad del ejercicio que realizas
La intensidad determina lo exigente que resulta una actividad física para tu cuerpo. No es lo mismo dar un paseo tranquilo que caminar a paso ligero, aunque el movimiento sea parecido. Conocer la intensidad del ejercicio físico te ayuda a comprobar si te estás quedando corto o, por el contrario, si te estás exigiendo más de la cuenta.
¿Qué intensidad de ejercicio es recomendable? Las recomendaciones generales para adultos sanos señalan la importancia de acumular, a lo largo de la semana, actividad aeróbica de intensidad moderada o vigorosa. Esto no significa que haya que entrenar duro todos los días, sino que el ejercicio debe suponer un estímulo suficiente para mejorar la salud cardiovascular, la resistencia y, en muchos casos, ayudar a controlar el peso.
Además, la intensidad influye directamente en el gasto energético: cuanto más intensa o prolongada sea la actividad, más calorías se queman. Pero ojo, porque excederse puede aumentar el riesgo de agujetas, lesiones o agotamiento. En determinadas situaciones, como en el caso de la bradicardia, el organismo puede no responder adecuadamente al esfuerzo, lo que puede provocar mareos, fatiga intensa, dificultad para respirar o incluso desmayos.
Por eso, calcular la intensidad de un ejercicio puede ayudar a progresar de forma segura, especialmente si se empieza desde cero o se retoma el ejercicio tras un periodo de inactividad, como puede ser en enero o en septiembre.
Tipos de intensidad del ejercicio: leve, moderada y vigorosa
Existen distintos tipos de intensidad en el ejercicio y diferentes clasificaciones, si bien para la población general basta con distinguir entre intensidad leve, moderada y vigorosa.
Intensidad leve o muy suave
En este nivel, el organismo apenas nota cambios respecto al reposo. La respiración es normal y no aparece sudoración. Son actividades fáciles, como pasear, hacer tareas domésticas ligeras o estiramientos suaves. Resultan útiles para mantenerse activo, reducir el sedentarismo y como punto de partida para personas poco entrenadas.
Intensidad moderada
Aumenta la sensación de calor y aparece una ligera sudoración tras unos minutos. La respiración se acelera, pero todavía permite hablar. Algunos ejemplos de intensidad moderada son caminar a paso ligero, montar en bicicleta, nadar con calma o bailar. Este nivel es especialmente importante, ya que se puede mantener durante bastante tiempo sin provocar un cansancio extremo y aporta claros beneficios para la salud.
Intensidad vigorosa
La respiración se vuelve profunda y rápida, el ritmo cardiaco se eleva notablemente y cuesta mantener una conversación. Correr, practicar deportes a un nivel avanzado o realizar trabajos físicos intensos entran en este grupo. Aunque es más demandante, también resulta muy eficaz para mejorar la capacidad cardiovascular y la condición física general. Si lo tuyo es el running, es importante que sigas algunos consejos para prevenir riesgos si corres en la playa.
Cómo se mide la intensidad del ejercicio físico
Una de las dudas más frecuentes es cómo medir la intensidad del ejercicio de forma práctica y la buena noticia es que no siempre hacen falta cálculos complicados ni dispositivos sofisticados. Existen varios métodos y se pueden usar de manera complementaria.
Sensaciones y esfuerzo percibido
El esfuerzo percibido es una valoración subjetiva de lo duro que te resulta el ejercicio. Dos personas pueden hacer la misma actividad y sentirla de forma muy distinta. Aun así, prestar atención a cómo te sientes es una guía útil para medir la intensidad del ejercicio, sobre todo si conoces bien tu cuerpo.
En este contexto también se utiliza la escala de Borg, que asigna un valor numérico a la sensación de esfuerzo. En términos generales, una intensidad moderada suele corresponder a una percepción de “algo duro”, mientras que la vigorosa se acerca a sensaciones claramente exigentes.
El test del habla
El llamado test del habla en el ejercicio es uno de los métodos más sencillos y accesibles:
- Si puedes cantar o mantener una conversación sin dificultad, la intensidad es leve.
- Si puedes hablar, pero con cierto esfuerzo, estás en una intensidad moderada.
- Si apenas puedes decir unas pocas palabras sin quedarte sin aliento, la actividad es vigorosa.
Este método resulta muy práctico para ajustar el ritmo sobre la marcha, sin necesidad de parar o de hacer cálculos.
Frecuencia cardiaca
Medir el pulso ofrece una referencia más objetiva. En general, cuanto más alta es la frecuencia cardiaca durante la actividad, mayor es la intensidad. Para usar este método de forma más precisa, conviene conocer la frecuencia cardiaca máxima aproximada y la frecuencia en reposo.
A partir de ahí, se define una zona de frecuencia cardiaca objetivo. Para la mayoría de los adultos, la intensidad moderada se sitúa aproximadamente entre el 50 % y el 70 % de la frecuencia cardiaca máxima, mientras que la vigorosa se mueve entre el 70 % y el 85 %.
Existen fórmulas y métodos, como el de la frecuencia cardiaca de reserva (FCR), que es la diferencia entre tu frecuencia cardíaca máxima (FCM) y tu frecuencia cardíaca en reposo (FCR), que afinan estos rangos y ayudan a entender mejor cómo calcular la intensidad de un ejercicio en función de datos personales usando el método de Karvonen.
El método de Karvonen permite calcular la intensidad del ejercicio de forma más personalizada a partir de la frecuencia cardiaca, ya que tiene en cuenta tanto la frecuencia máxima como la frecuencia en reposo, a diferencia de fórmulas más generales. Para aplicarlo, se estima la frecuencia cardiaca máxima restando la edad a 220, se mide la frecuencia en reposo en un momento de calma y se define el porcentaje de intensidad según el objetivo del entrenamiento. Con estos datos se obtiene la frecuencia cardíaca objetivo, un rango que ayuda a ajustar el esfuerzo de manera más precisa, adaptándolo a la edad, el nivel de forma física y el estado de salud.
Aquí tenemos un ejemplo calculado con la fórmula de Karvonen. Imaginemos a una persona de 40 años con una frecuencia cardiaca en reposo de 60 latidos por minuto que quiere entrenar a una intensidad moderada, por ejemplo al 60 %. Primero se estima su frecuencia cardiaca máxima restando la edad a 220, lo que da 180 latidos por minuto. Después se calcula la reserva cardiaca restando la frecuencia en reposo a la máxima (180 − 60 = 120). A continuación se aplica el porcentaje de intensidad deseado (120 × 0,60 = 72) y se suma de nuevo la frecuencia en reposo (72 + 60), obteniendo una frecuencia cardiaca objetivo de 132 latidos por minuto, que sería el ritmo al que debería intentar mantenerse durante el ejercicio.
Equivalentes metabólicos (MET)
Otra forma de evaluar la intensidad es mediante los MET, que expresan cuánta energía consume una actividad en comparación con el reposo. Las actividades de 3 a 6 MET se consideran de intensidad moderada, mientras que las que superan los 6 MET se clasifican como vigorosas. Aunque este sistema se usa mucho en tablas y estudios, suele ser menos intuitivo para el día a día.
Cómo adaptar la intensidad del ejercicio a tu condición física
La intensidad no es un valor fijo ni universal, de manera que lo que para una persona resulta moderado, para otra puede ser vigoroso. Por eso, hablar de intensidad en el deporte siempre implica tener en cuenta la condición física, la experiencia previa y el estado de salud.
Si estás empezando o llevas tiempo sin entrenar, lo más sensato es comenzar con intensidades suaves y aumentar de forma progresiva. Una regla habitual es incrementar la carga total de ejercicio alrededor de un 10 % por semana. Esto permite adaptarse mejor y prevenir lesiones.
También es importante tener claros los objetivos. No es lo mismo entrenar para mejorar la salud general que preparar una competición o buscar una pérdida de peso. En cada caso, la intensidad del ejercicio físico adecuada puede variar.
La edad, la presencia de enfermedades y ciertos medicamentos influyen igualmente en la respuesta del organismo al esfuerzo. En algunas situaciones, especialmente antes de iniciar programas de ejercicio vigoroso, puede ser recomendable consultar con un profesional sanitario.
Por último, conviene recordar que el ejercicio no tiene por qué concentrarse en una sola sesión. Mantenerse activo a lo largo del día, reducir los periodos de inactividad y repetir actividades cotidianas con más frecuencia también suma beneficios, siempre que la intensidad sea la adecuada para cada persona.
En Farline encontrarás una amplia gama de productos para ayudarte a mantener una vida activa y practicar ejercicio, ya sea de intensidad leve, moderada o vigorosa.
Acude a tu farmacia y pregunta por los productos de Farline. Tu farmacéutico de confianza siempre está disponible para ofrecerte consejo y recomendarte lo más adecuado, según tus necesidades.
Fuente:
- Intensidad del ejercicio: cómo medirla. Mayo Clinic.
- Conceptos importantes en materia de Actividad Física y de Condición Física. Ministerio de Sanidad. Gobierno de España.
- ¿Cómo medimos la intensidad de la actividad física? Ministerio de Sanidad. Gobierno de España.
- Fórmula de Karvonen: ¿cómo calcular a qué pulsaciones entrenar? Planeta Triatlón.
- ¿Qué es la fórmula de Karvonen? Health Science Insights.
Validado por Cristina López,
Licenciada en Farmacia y directora técnica Laboratorios Farline